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La importancia de intentarlo

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En Comunicadores UdeC celebramos los triunfos de cada uno de nuestros compañeros y comapañeras, pues  creemos que cada vez que esto ocurre el deseo y la voluntad de intentar conseguir nuestros propios sueños  se reafirma y el orgullo de pertenecer a este programa se acrecienta.

Emy Osorio, estudiante de sexto semestre de comunicación social, se convirtió hace pocos meses en la acreedora de una de las 100 becas Erasmus Mundus Puedes, entre aproximadamente 1.200 solicitudes de estudiantes de Latinoamérica; a ella extendemos nuestro más fraternal abrazo, deseándole una experiencia enriquecedora para su vida profesional y personal. Compartimos con ustedes una emotiva publicación que realizó en su cuenta de Tumblr (http://lavieingreece.tumblr.com/) en la que nos cuenta “La importancia de intentarlo”, desde Thessaloniki, Grecia.

 

En febrero de este año, mientras revisaba la oferta de posgrados de varías universidades europeas, encontré un aviso sobre becas Erasmus para estudiantes de pregrado en América Latina. El hecho me resulto extremadamente curioso, teniendo en cuenta que la oferta para becas de intercambios para ese nivel de estudios es extremadamente reducida, pero decidí revisar las universidades ofertas y las condiciones para participar. Finalmente, tras casi tres semanas cuestionándome que tan probable sería ser una de las beneficiarias, los consejos de personas cercanas y, por supuesto, las interminables reservas de motivación personal para este tipo de situaciones, me hicieron entender que debía intentarlo. Al fin y al cabo lo peor que podía pasar era ser rechazada.

 

Meses después encontré en la bandeja de entrada un correo de los coordinadores del programa. Mi mente estaba tan preparada para ser rechazada que lo primero que noté fueron unas letras en negrilla diciendo “Queremos agradecer tu interés en el programa”. Enseguida sentí el nudo en la garganta y pensé en las tapas de las gaseosas que dicen “Sigue intentando”. Seguí leyendo y me di cuenta que, por el contrario, había sido seleccionada. Recuerdo haber leído el mensaje unas diez veces y luego correr por  mi casa algo desorientada mientras preguntaba a todos si estaban leyendo lo mismo que yo.

 

A partir de entonces empezó la aventura, en todo el sentido de la palabra: debía decidir si aceptar la beca era la mejor decisión y claro, todo lo que eso implicaba. Debo reconocerlo, no fue fácil.  Pude haber preferido rechazarla, ahorrarme una cantidad irrisoria de procedimientos burocráticos que van desde correr por la ciudad buscando documentos cuya existencia desconocía, ahorrarle a mi cuerpo tantos exámenes médicos y vacunas, e incluso quedarme atrapada en otro país mientras gestionaba la visa.

 

Sin embargo, decidí afrontar el reto aunque me tomó mucho tiempo creer que realmente lo merecía. Dejé la comodidad de mi casa, la seguridad que me brindaba mi alma mater, la rutina de mi tierra y demás, porque reconocí que trabajé muy duro para esto. Pude haberme rendido muchas veces (como cuando los medios de comunicación mostraban a Grecia como un platanal sin salvación o cuando casi pierdo el avión de Munich a Thessaloniki porque “todavía había tiempo para abordar, pues estaba muy claro para ser las 20:40″).

 

Debo decir que no puedo estar más satisfecha con mi decisión. Esta ciudad me ha abierto las puertas en tan pocos días, los maestros se han mostrado ansiosos, los compañeros amables y las personas en las calles sienten curiosidad todo el tiempo por Colombia, Cartagena y hasta María la Baja. Tampoco puedo negar que no podría estar aquí  sin el apoyo incondicional de mi familia, amigos y maestros en Colombia, quienes a diario me motivaron a tomar una de las decisiones más valientes de mi vida.

 

Sé que el camino no será fácil, pero, como todo en la vida, siempre hay que intentarlo.

 

Opaaaa, Greciaa!!

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