Caravana por la paz en Conejo, Guajira

PSX_20170422_171924

Fotos: Oscar Peñaranda

Por: Margary Martinez

La caravana humanitaria por la paz llegó el domingo 19 de Marzo al Punto Transitorio de Normalización en la vereda Pondores, corregimiento de Conejo, Guajira. El bus andaba por un camino estrecho bordeado de cerca. A la derecha en lo profundo se veían las montañas de la Serranía del Perijá, y a la izquierda el panorama se alternaba entre árboles, ganado, y planicie. Ya habíamos pasado el Frente del Ejército Nacional; todos nos asomamos a través de los cristales esperando por fin la llegada después de más de siete horas de viaje desde Cartagena: estudiantes, sindicalistas, líderes sociales, y sociedad civil.

En Conejo las casas son pequeñas. Allí hubo que ir despacio. Los alambres de luz eléctrica chocaban con el techo del bus y algunos oriundos nos ayudaron a sortearlos. La lentitud  dejó que viéramos  los murales alusivos a la paz que hay en el pueblo.

Primer letrero: A 1000 metros zona de Normalización. Segundo letrero: A 500 metros zona de Normalización. Tercer letrero: Campamento por la paz. Al encuentro han venido grupos culturales de Barranquilla y de Barrancas, estudiantes, líderes sociales, niños y adultos de Conejo y otros lugares, y algunos medios de comunicación. Son las diez de la mañana, la tarima está preparada, lejos de ella docenas y docenas de sillas ya ocupadas se esparcen buscando la sombra bajo los árboles. Al lado derecho de la tarima hay una construcción con techos de zinc, por ese lado se ubican algunos cuartos, y más adelante, ya cerca del resto de sillas una tienda con una sola ventana cuadrada y pequeña desde la que atienden. En la pared se lee “Tienda Fariana. Guerrilla’s Shop”: hay para la venta agua, mecatos, cervezas, etc.

Detrás de estas pocas construcciones se extiende a lo largo una tela de saco verde, limitante que solo cruzan integrantes de las FARC-EP y miembros de la ONU. Al otro lado de la tela están las construcciones aún en proceso de los sitios de alojamiento para las FARC. Y aún más atrás las tulas donde la mayor parte siguen albergando.

Se siguen esparciendo alrededor puntos de venta de camisas, envolturas, agua, manillas. Los integrantes de las FARC portan una escarapela con su nombre, se encargan de la logística, pero no están autorizados a portar el uniforme militar. Son una cantidad pequeña de los más de 200 guerrilleros del Bloque Martín Caballero que ahora se concentran en este punto. Al resto de excombatientes, hombres y mujeres del Bloque, los han designado para ayudar con la construcción del lugar para apresurar su culminación.

Desde inicios de febrero, El Bloque Martín Caballero está en este Punto de Tránsito, el Gobierno se había comprometido que para el entonces las obras ya estarían terminadas. Pero la realidad es opuesta. Aquí las obras van a medio camino, solo una pequeña parte, que corresponde a los baños y algunos alojamientos, ha sido concluida. Y sin embargo, estas obras, las de la vereda de Pondores, son las más adelantadas de todo el país.

Paola Pianeta, miembro de la Red Sí Paz Bolívar, dice en la tarima: “Estamos aquí para hacer veeduría… Hemos estado construyendo paz desde nuestro territorios, hoy más que nunca hay que estar firmes”. Empieza la música, los bailes, las interlocuciones. Niños y grandes corren hasta la tarima y se abandonan al sol para ver de cerca los grupos y bailar con ellos.

Corre la tarde. En el murmullo de las conversaciones se distingue la voz de una integrante de las FARC, la alegría de sus palabras: “estoy muy contenta, como la gente lo recibe a uno, eso motiva”. En el aire flota la melodía de una canción. Continúa : “tenemos que demostrarle a todo el mundo que somos honestos…Esa patria que nos dio la libertad tenemos que defenderla noche y día”.

Una mujer venida de Barrancas lleva un disfraz de guerrillera y varias personas le piden fotos: la escena parece revelar el espejismo de la guerra en Colombia, pero no, estamos aquí porque ha ocurrido y hay que solucionarlo.

Inti y Esperanza: las historias de Pondores

PSX_20170422_171703

Sobre la tela verde cuelgan dibujos de Inti Mileywa. Los suéteres de la tienda llevan estampados los dibujos de Inti; los encargados de la logística visten los dibujos de Inti.

Inti Mileywa es el nombre artístico de la autora de los dibujos que circulan por todo el Punto de Normalización. Es una mujer de 37 años, nacida en Medellín, es de andar ligero y ademanes tímidos. Hace 14 años milita en las FARC-EP, ingresó después de estar vinculada a grupos culturales como artista pintando murales en veredas cercanas a Medellín, en una de esas ocasiones, fue invitada a visitar un campamento del grupo; primero colaboró con algunos trabajos gráficos y más tarde decidió vincularse como guerrillera.

Los murales hechos en Conejo los pintó ella en compañía de ciudadanos del corregimiento durante una jornada cultural este año. Esa vez, igual que este día, se sintió bien recibida por la gente del pueblo. Para ella “la gente en Colombia que nunca ha visto un guerrillero se lo imagina como un terrorista, que no pensamos, que no queremos, que no nos enamoramos”, pero considera que una vez hay interacción directa la percepción cambia.

Su inspiración para dibujar es contar la historia popular de Colombia que “la mayoría no conoce” cuenta. Y así parece verse en sus dibujos: el campo colombiano, las luchas sociales, el papel de la mujer en la nación, los magnicidios etc. Hoy en día tiene más de 300 dibujos que le gustaría exhibir en algún momento del futuro:

“Lo que yo he estado pensando y sueño… tengo un gran trabajo elaborado de todos estos 14 años, que es una historia de vida, una historia de las FARC; que bueno sería poderlo mostrar, compartirlo con otra gente, mostrarles nuestro punto de vista de una manera sensible como el arte…”

Para ella, el camino que toma el país con el acuerdo de paz además de ser oportuno, es el único posible, “si nos damos cuenta de que nos estamos equivocando, repetimos lo mismo, la misma matanza, qué más evidencia queremos de que ese no es el camino, yo no digo que las FARC tenemos la palabra y es así. No. Vamos a construirlo juntos… sabemos que juntos es más fácil vivir”.

Juntos es más fácil vivir, y más probable que la vida triunfe. Esperanza camina con prisa, ya casi se acaba el día y el cansancio la hace reacia a la conversación. Duerme en una de las instalaciones ya terminadas con su bebé. Dio a luz días previos a su llegada al Punto; la noche anterior al parto no pudo dormir por los dolores, sin embargo, sólo a las cinco de la mañana dio aviso a su comandante, quien a su vez avisó a los supervisores de la ONU, ellos la trasladaron a un Hospital en Conejo donde dio a luz. Nació una niña: Esperanza la llamó Desiré, que significa deseos de paz.

En la noche la música cesó; ahora las personas somos sombras debajo de los árboles. Los acordeones son las voces de los insectos. La tienda Fariana sigue abierta y la gente conversa en círculos y arma sus propios coros. Poco a poco el lugar vuelve a estar vacío.

Amanece y algunas luces siguen encendidas desde la noche anterior cuando despedimos a la mayoría de participantes, a la delegación de Santa Marta y Barranquilla. Desayunamos en la cocina de las FARC-EP, una planta de tablas y zinc que se ubica detrás de las construcciones: en el fondo, por ahí, derecho. Son las 8:30 de la mañana y ya en un fogón de leña sobre la tierra está preparándose el sancocho de almuerzo. Frente a la cocina pasa una quebrada del Rio Catatumbo, donde varios integrantes de las FARC lavan platos, a unos metros dos están pelando un bulto de papas, otros lavan ropa a mano sobre unos muros de piedra, otros trabajan en las construcciones y a otros se les ve caminando de aquí para allá. Más al fondo; por ahí, derecho, se esparcen en el monte las tulas donde todavía albergan la mayoría de guerrilleros.

Nos bañamos junto al lavadero pues en los baños de las construcciones terminadas no hay agua. “El abastecimiento de agua aquí se hace crítico en esta época del año” ha dicho Alirio Córdoba, integrante del Comando de dirección de las FARC en este Punto Transitorio. También ha dicho que han atravesado otras dificultades desde su llegada al Punto de Normalización, debido principalmente al incumplimiento del gobierno: “a la par de los problemas logísticos que son los que se ven a simple vista hay otros que no son muy visibles y tal vez tienen más importancia.” Se refiere a los procesos de educación, a la garantía de la salud, y los proyectos productivos. La quebrada sigue sonando debajo de nosotros.

Volvemos adelante a ordenar los libros donados para las FARC. Más de 200 libros, la mayor parte de literatura, también hay de educación, filosofía, ciencia e infantiles. Al tiempo que los ordenamos alguien fabrica un rudimentario estante de tablas sin pulir. Se acerca el mediodía, el bus de regreso ya está en camino así que nos apuramos. Cuando los libros están en el estante y otros en cajas, aparece Joaquín Gómez -también integrante del Comando de dirección del Bloque- con un sombrero que no se ha quitado desde el día anterior: saluda, agradece la diligencia, ojea los libros y alguien se acerca a explicarle el contenido. Se queda con un par, conversa, sonríe, cuando le explican el lugar de los libros infantiles le dicen: “Aquí están los infantiles, porque aquí hay niños, ¿no?” Su respuesta, espontánea y jocosa, nos recuerda la actitud que los compromisos ante el posconflicto nos exigen: “Bueno… Los hacemos.” Todos reímos. No lo podemos evitar.

Proyecto
  • Autor: Margary Martinez
  • Fecha de publicación: Jun 21, 2017
Compartir