Ciro y El melódiko: la historia de un picotero

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Por Yeniffer Mendoza Peña

En una esquina de El líbano, barrio popular de Cartagena, puedo observar a un grupo de jóvenes celebrar al ritmo del picó el año número veinticuatro de Ciro Javit Varona León, un joven que se crió a tan sólo dos cuadras de aquel lugar que para él significa su segundo hogar.

El Cirito, como es conocido en el barrio, según cuenta su padre Ciro Varona Marsiglia, nunca fue un buen estudiante, y a los seis años de edad al darse cuenta que su hijo no avanzaba en sus estudios escolares decidió buscar ayuda con una psicologa, quien le confirmó que este tenía serios problemas de aprendizaje porque no procesaba la información de manera correcta, pero que así mismo se iba a ver identificado con una forma de arte.

Varona cuenta que en ese instante se sintió en la obligación de buscar un medio para construir el futuro de su hijo y acercarlo a la música porque desde pequeño lo escuchó cantar y le parecía que “su niño” tenía una buena voz,  y el carisma lo podría sacar más adelante. “Saber que mi hijo iba a tener dificultades con sus estudios fue lo que me motivó a impulsarlo y como yo no viví todo lo que ahora se puede vivir decidí hacerlo firmemente”, comenta.

 El medio en el que pensó Varona fue un picó, que son discotecas ambulantes que cuentan con grandes parlantes amplificadores de sonido y una consola principal semejante a los sound systems de Jamaica, y que en la década de los setenta, ochenta y noventa, fue el único medio encargado de dar a conocer nuevas voces y géneros musicales que empezaban a ponerse de moda y a sonar en los barrios populares de Cartagena, como la champeta. Lea también: Así es la champeta, así eres tú: esto es champetú

Aclaro que en Cartagena no sólo hay picós de champeta, también hay salseros y de dance-hall o danzal. Se dice que los más antiguos son los de salsa, entre los cuales se encuentra El conde – uno de los más antiguos-, El guajiro, El patrón y Sabor latino.

Cirito, a los dieciséis años, gracias a la influencia de su padre se inició en el mundo de la música y con dos amigos, J501 y Big Danny, empezaron a grabar con dj coki  y a sonar en el picó El azote. El líder de ellos tres siempre fue J501 quien ya tenía experiencia, porque había grabado para El tino, el primer picó donde grabó el Jhonky, uno de los primeros cantantes de champeta.

En el 2009, cuando Cirito cumplió diecisiete años, algunos problemas personales con dj coki ocasionó la separación de éste,“para mí significó un golpe muy duro, igual para mis amigos, porque como nadie nos conocía no nos ponían a grabar”. Desde luego, en ese momento el obstáculo más grande siempre fue no tener un picó propio.

Fue en ese entonces cuando el padre de Cirito logró armar un picó con el fin de impulsar la carrera artística de su hijo, quien empezó cantando dance-hall. “A mí siempre me gustó tener mis cajitas pa escuchar mi música y no andar pidiendo prestado el sonido y hasta el 2009 armé mi propio picó para impulsar a mi hijo, porque no tuve la facilidad de hacerlo antes y de gozarme mis fiestas”.

El Cirito cuenta que “el picó en el 2009 sonaba feo, los parlantes eran de baja densidad y las plantas eran hechizas, pero como éramos “menores” -refiriéndose a la edad de sí mismo y sus amigos-  la calidad del sonido no era importante, pues la idea era que la gente escuchara las canciones y llegaran al baile a gozarse las fiestas”. Así fue como empezaron a sonar en varios colegios de la zona sur oriental, como la Institución educativa playas de Acapulco y Nuestra señora del perpetuo socorro, haciendo minitecas y jean-days para menores de edad.

Las entradas a estas fiestas sólo costaban entre 500 y 1000 pesos. Con el dinero recaudado empezaron a grabar las primeras canciones para el picó “El melódiko”, cuyo nombre fue inspirado en el mismo que lleva su agrupación: “Los melódikos”.

Los jean-days  fueron inspirados en las llamadas “rumbas sanas”, que son fiestas de dj´s de picós de dance-hall para menores de edad, donde no se permitía la venta de licores ni cigarrillos. Estas fiestas empezaban a la una de la tarde y terminaban a las siete de la noche. Aparecen por primera vez en el 2008 cuando el dance-hall se encontraba en su máximo apogeo en la heroica.

Este género es un fenómeno reciente en Cartagena, se da a través de la influencia del dance-hall jamaiquino que se escucha en discotecas como Boombastick y Green moon, fundadas por Junior Boombastick, quien se atribuye haberlo popularizado mediante las fiestas que organizaba en la colonia sanandresana residente en Cartagena, donde ponía a sonar canciones exclusivas provenientes de Jamaica y era muy común que los asistentes llevaran banderas rastas y atuendos con esos colores.

A partir del 2010 emprendieron sus múltiples grabaciones, entre las cuales figuran canciones como el Tuki tuki, El mujeriego y La pancha, éstas se hacían en el estudio Luigy records: el inmortal, ubicado en el barrio La consolata y el Juanchi records en el barrio Veinte de julio.

Para el año 2012 el picó era una máquina profesional a la altura del momento. El melódiko salía a tocar a otros barrios, como san Fernando, Tancón, Colombiatón, La magdalena, Boston, Ciudadela 2000, entre otros. También competían con otros picós importantes de dance-hall, como el JM, Passa-passa, Víctor Julio y Mellos music.

Para esta fecha el baile de picó tiene un lugar en los barrios populares, pero como diría la antropóloga María Alejandra Sanz, “los picós no simplemente son máquinas que animan una fiesta popular, sino los protagonistas de un universo estético capaz de construir un sentido de lugar propio en una ciudad excluyente”. Lo anterior se debe tener en cuenta porque el baile de picó o las fiestas que son animadas por esta máquina han sido estigmatizas y asociadas con riñas, drogadicción, alcohol y demás prácticas “inmorales”. Te puede interesar: Fiesta de picó: champeta, espacio y cuerpo en Cartagena, Colombia

Ahora bien, en Cartagena con la consolidación de la champeta entre los años 85 y 90 los picós se hacen mucho más populares y visibles, creando a través de las fiestas picoteras -donde se cobra un cover-, una infraestructura económica que ha significado el sustento de un sin número de cartageneros, entre los cuales encontramos dj´s, artistas, productores musicales, organizadores de eventos, vigilantes, cargadores, etc.

En el caso de los toques de El melódiko la plata que quedaba de las entradas y de la venta del licor se utilizaba para seguir grabando canciones, cuyo precio oscila entre trescientos y cuatrocientos mil pesos por canción, es decir, la producción de tres canciones tiene un costo de un millón de pesos, pero también se repartían una parte de ese dinero entre los tres integrantes.

Para el 2015 El melódiko estaba pegao y seguía sonando incluso en Manga, un barrio “pupi” de la ciudad; sin embargo, a causa de las constantes denuncias de los vecinos por los fuertes escándalos de la máquina amplificadora, la discriminación de los residentes con “los bandidos” que asistían al evento  y  las constantes peleas que se generaban a la salido fueron motivo para que dejara de sonar.

Cirito cuenta que su principal razón para retirarse de la plaza aún estando “pegao” fue el nacimiento de su hija,“empecé a trabajar y no me quedaba tiempo para hacer las fiestas de picó, mi papá me pedía ayuda que si para arreglar los bajos y yo no podía ayudar en nada porque llegaba cansado”.

A pesar de que El melódiko dejó de tocar, él no se alejó de la música pues continuó grabando canciones para picós como el Passa-passa, JM, Crossover, Pasky e Isleño. Su último disco titulado Eres mi estrella empezó a sonar a finales de diciembre.

Cuenta que uno de los inconvenientes para regresar a la plaza ha sido encontrarle remplazo a J501, quien desde hace un año es cristiano y se retiró de la música. “Ese ha sido otro de nuestros mayores problemas porque él siempre fue nuestra voz líder, además era nuestro dj, y es difícil encontrar a alguien con esas cualidades”, afirma Cirito.

El melódiko es un picó que hasta el momento toca dance-hall, y es de los más pequeños de la ciudad. En comparación con otros picós de dance-hall es de tamaño regular, pues consta de dos bajos-parlantes número dieciocho para el golpe, dos medios número doce para la voz donde van los brillos y tres plantas, una para los bajos, una para los medios y otra para los brillos, un driver rack y un juego de luces que Varona compró hace un par de meses.

Pero en relación con los picós de champeta es muy pequeño y más si lo comparamos con el Rey de rocha, el cual consta de dieciséis bajos, veinticuatro medios, dieciséis brillos, consola grande, teclado para efectos, batería eléctrica, pantallas plasmas, luces con el logo de la Organización Musical Rey de Rocha (OMR), dos grupos de cinco luces y un rayo láser.  

Entre los picós  de champeta actuales,  el Rey  es el más grande e importante. Pero a principio de los años noventa era el Géminis Junior, por ser el más grande, teniendo en cuenta que la importancia de un picó de champeta la determina el tamaño y la exclusividad de su música reafirmada a través de placas, que son una especie de cuñas pregrabadas para invitar al picotero a gozar de la música puesta en escena. En el Géminis se dieron a conocer cantantes como el Jhonky,  pero este picó estancó su crecimiento cuando asesinaron a su dueño y dj, conocido como “dj Chamba”. Otros picós importantes de esta generación son el Imperio y el RS.

A pesar de que El melódiko grababa sus canciones exclusivas nunca hizo placas para crear identidades ni atraer al público, porque su idea no era rivalizar con los demás picós sino poner a bailar y gozar a todos esos jóvenes que no cuentan con espacios de esparcimiento y recreación. “Yo me siento orgulloso de que mi casa esté llena de pelaos, no me interesa rivalizar, porque yo nunca quemé esa etapa de la juventud”, afirma el señor Varona.

Otra singularidad de El melódiko es que no tiene nombre en su estructura de color negro, Varona argumenta que es para que éste no llame la atención de las autoridades. Esta característica es importante si tenemos en cuenta que el nombre del picó en la cultura picotera es significativo y hace parte de su propia estética, porque la mayoría de ellos tienen el nombre plasmado en su estructura con colores neón. En el caso de los picós de champeta, si son muy grandes llevan el nombre pintado en la parte más alta, en sus brillos por ejemplo, o llevan el logo del picó en los juegos de luces.

Varona cuenta: “Yo sueño con que mi hijo siga cantando para El melódiko, y por ello, quiero meterle más tecnología con el fin de mejorar el sonido, quiero cambiar el driver rack, comprar nuevos juegos de luces y tengo pensado volver a la plaza en unos tres meses, porque sé que la gente espera el regreso de El melódico”.

Cirito, al igual que su padre, piensa que en esta tercera oportunidad le pueda ir bien con la música. “A mí no me fue bien con la música porque nunca puse todo mi empeño ni todo de mi parte, en un tiempo sólo estuve pendiente del ron y de tomar todos los fines de semana”.

Por su parte Varona explica que su hijo además de haber tenido problemas con el alcohol siempre tuvo autoestima baja. “Él tiene la capacidad de componer las canciones que quiera. Si cinco personas le piden canciones para el mismo día él las escribe sin problema, pero todo el tiempo se está cuestionando, pues nunca ha estado seguro de sí mismo y eso no le permite avanzar en este mundo tan competitivo, sobre todo porque ya no graba dance-hall, ahora lo que hace es champeta”.

Aunque Cirito afirma que la época del dance-hall pasó y que regresará a cantar champeta para su picó porque es lo que ahora está de moda. “A mí me interesa que me escuchen y que la gente goce con mi música, y así como están las cosas, prefiero grabar champeta”. Con el regreso de esta máquina a la plaza lo más probable será observar a Ciro en su casa acomodando el picó o en los estudios de grabación y no en la esquina del árbol de almendra donde suelo verlo día a día.

Proyecto
  • Autor: Yeniffer Mendoza Peña
  • Fecha de publicación: Jun 21, 2017
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